En una tipología corriente de casa del Ensanche barcelonés de los años sesenta, se introdujo el concepto de fluidez espacial en esta reforma. También se instalaron armarios-alféizar que facilitan el deslizamiento de la luz exterior, aumentando la reflexión y disminuyendo el deslumbramiento de las ventanas preexistentes. El color se introdujo exclusivamente mediante texturas naturales rojizas y rosadas de la madera de jatova y de haya estofada respectivamente, en un fondo general blanco.

Asimismo, el contrapunto en cada espacio lo dan fuertes texturas "ecológicas" de paneles de hojas, pieles de animales de granja, superficies alabastreadas, etc. Se cultiva la sorpresa, sobre todo a través de la "abstracción funcional" de los armarios, que carecen de huellas para verificar su forma de uso. Y aparece la gran escala, mediante puertas correderas de grandes dimensiones, así como recuerdos de pasillos y muebles gaudinianos, que le añaden figuración a un conjunto eminentemente abstracto y reduccionista.