Resulta que la ciudad siempre tiene un ruido de

fondo, aunque al final termina por pasar casi

inadvertido a sus habitantes. Saturación, rutina.

De súbito, ahora se empieza a oír un sonido

diferenciado... Viene de la calle: al principio sólo

se distingue un leve estrépito --- poco a poco se

convierte en un extraordinario lamento --- siempre

en crecimiento --- y termina por llenar toda la

atmósfera --- a veces parece un gruñido trastor-

nado --- otras se hace rugido iracundo --- de gran

potencia --- trueno sin alivio --- ensordecedor...

Sin embargo de hecho no varía, aunque se tiene la

sensación de escucharlo en esas apariencias

diversas. Son como reflejos cambiantes de un

mismo insoportable haz deslumbrador.



La fuente de todo esto tiene que ser una garganta

poderosa, alimentada por unos extraordinarios

pulmones. Seguro que debe tratarse de un ser

monstruoso y terrorífico -¡encarnación del horror!-

que se arrastra hacia aquí, paso a paso por el

asfalto, entre el gorgoteo de sus fauces y el

chasquido de sus garras y escamas. Algo que

puede helar la sangre a cualquiera.

Pero, al fin y al cabo, ¿no es allá abajo, en la calle?

Y sin duda pasa de largo... Sin duda.